¿Por qué le llamamos «Gobierno Abierto» cuando queremos decir… ?

A modo de reflexión colgaré acá la intervención que recién hice en el debate ¿Cómo definimos Gobierno Abierto? que Alberto Ortiz de Zárate abrió en novaGob hace unos días:

Dimensiones del Gobierno Abierto (OpenGov Standards)

Dimensiones del Gobierno Abierto (OpenGov Standards)

Hola a tod@s,

Tras unos cuantos días debatiendo la definición del Gobierno Abierto hemos podido ver cómo, por un lado, compartimos todos la comprensión general de a qué nos referimos con el término y cómo, por el otro, existen también detalles, matices e indefiniciones que se prestan mucho a controversia y que dificultan la delimitación, operacionalización y por tanto la puesta en práctica del Gobierno Abierto.

A la que iba leyendo vuestros aportes me ha surgido una duda que me está desgarrando por dentro. A saber, la sospecha de que con esto del Gobierno Abierto podríamos estarnos exaltando teorizando sobre el «amor»… cuando en realidad de lo que se trata es de otra cosa, que todos conocemos bien pero de la que no queda bien hablar directamente.

Y no, no me refiero a «sexo», sino algo aún mejor: «democracia». 🙂

Porque prácticamente todos las dimensiones que se han sugerido: transparencia radical, mecanismos de accountability y control, eficiencia y eficacia administrativa (incluyendo la colaboración inter-administrativa), corresponsabilidad y colaboración en la acción de gobierno y afán de mejora constante… creo que son requisitos básicos, indispensables e irrenunciables de eso que llamamos Democracia.

Un sistema de gobierno que renuncie a cualquiera de ellos… difícilmente merece calificarse de democrático en pleno siglo XXI. Y eso es tal vez lo que no se quiere reconocer: que la mayoría de las «Democracias Realmente Existentes» tienen poco de democracia. Así: ¿Por qué recurrir al «desvío» del Gobierno Abierto para alcanzar todas estas mejoras, en vez de reclamar directamente «Democracia Real» o «Democracia» y punto?

Por un lado, más positivo, podría pensarse que todo esto es una manera de viabilizar y acelerar el cambio. Que gracias a todo el «hype» que se ha generado, así como a los compromisos derivados de la participación en la OGP… se va a poder avanzar donde si no habría muchas resistencias. Y así lo es, en cierto grado.

Obama.OpenGovernmentPero también puede pensarse que todo esto tiene mucho de «placebo politics», de falsa innovación «gatopardista». Y que una vez que el rollo aquel de la «Nueva Gestión Pública» pasó de moda sin mucha pena ni gloria… nos inventamos un nuevo «cebo» que nos distraiga a todos, proclamando una vez más una transformación revolucionaria que en la práctica sólo altera la parte superficial de las estructuras de poder, conservando sus elementos esenciales.

Y es que si yo pido «¡¡DEMOCRACIA REAL, córcholis!!» no me valen medias tintas: quiero transparencia extrema, cuanto antes, porque es mi derecho tenerla, y no como una gracia que el gobierno me otorga en el grado y momento que a él le convenga. Y al mismo tiempo que transparencia quiero todo lo demás: accountability, eficacia, mecanismos colaborativos y de control. Es todo o todo. Y mi derecho es reclamarlo en las urnas, en la calle, en los juzgados y donde haga falta.

En cambio, el enfoque del Gobierno Abierto facilita que los gobiernos opten por cambios cosméticos: «¿has visto el portal de datasets que he creado con ayuda de un super-consultor? ¡No veas lo que estamos progresando en los rankings! Si seguimos así, en diez años podremos empezar a pensar en abordar el nivel siguiente, el de la participación». La reciente entrevista a César Cruz deja claro que, lamentablemente, esta actitud es la que ha primado en España.

Así que… mantengámonos alerta para no caer en el «lado oscuro» del Gobierno Abierto. No debemos formar parte de las tropas «lampedusianas», que en realidad defienden aquello contra lo que creen luchar, sino posicionarnos a favor de cambios profundos en la cultura política democrática.

Como diría Clinton: «Open Government?   It’s real democracy, stupid!»


 


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