Al servicio de un sueño

[ Como parte del proceso de reorganización/simplificación de la web de Kyopol… traigo acá un texto incluido en la candidatura a un premio con el que, a finales de 2006, pretendíamos financiar los trabajos iniciales de la asociación. Por supuesto… ¡no ganamos el premio! ]

 

Al servicio de un sueño

o… la senda del “algo más allá”serviciosuenho.mini

– […] You know, Pedro? It’s not going to be easy for the team to manage the next release without you. Even so, I understand your choice and I am happy that you are taking a decision that is going to be good for you on the personal side. What you are doing is quite courageous.
– Courageous, Francesco? But… I actually feel that I couldn’t do anything else! Everything seems to fit now so clearly… that I couldn’t help but follow this way. I have to chase my dream.
– But that’s not the usual way, Pedro. All of us have dreams, but for most people their dreams just remain… dreams; something you dream of doing, not something you actually do. Even if we all, even myself, sometimes wish we did different things from what we do, most times you just continue with your life and keep doing… what you do. […]

Recorriendo el camino entre la oficina y el apeadero de tren del pueblecito de Gülstein, ese fragmento de mi última conversación telefónica con Francesco, mi ex-manager en Hewlett-Packard, me revoloteaba por la cabeza. Durante las horas que siguieron a la llamada no había tenido oportunidad de pensar en ella, pues había estado demasiado ocupado despidiéndome –ya fuera por chat, 2006.10.XX.ePrimeTeamInGermany.minie-mail, teléfono o físicamente– del resto de mis compañeros de equipo, repartidos por el mundo: el QA Team en Shangai, el grueso de nuestros programadores en Bangalore, Francesco y Ezio en Milán, mis propios compañeros de oficina en Alemania y otros cuantos colegas y amigos dispersos por todo Estados Unidos.

2006.09.22.002.Guelstein.HP.Despedida.BrunchPero después de extinguidas las últimas risas, descargadas las últimas fotos y apretados los últimos abrazos… caminaba por última vez, ya solo, hacia el apeadero, rememorando lo que Francesco había dicho. ¿Era realmente valiente lo que estaba haciendo, o era más bien algo natural e inevitable?
Lo cierto es que hasta ese momento no se me había ocurrido planteármelo en esos términos. Y un poco temerario sí que podía parecer: como Francesco me había recordado en la llamada una vez más, sería muy difícil que encontrase otra vez un puesto como éste que, tras ya seis años, abandonaba ahora por iniciativa propia y, por tanto, renunciando a cualquier posible finiquito o prestación por desempleo.
Si me iba… no habría marcha atrás.
0380.Caricatura.PorAlex.mini
Sin embargo, ¿por qué habría de querer dar marcha atrás, si con estos pasos sentía que estaba por fin aproximándome a mi “vocación”? Gracias precisamente a esa renuncia, pronto sería capaz de concentrarme al cien por cien en la consecución de esos sueños esquivos que durante tantos años anduve persiguiendo por la senda del “algo más allá”. ¿Valiente pues, o inevitable? Tal vez ni lo uno ni lo otro, sino… “algo más allá”. Una vez más, ahí estaba esa dichosa senda, que ni sé bien cuándo comenzaría a transitar.

0083.BaneraCasa.TresEnLaEspuma.yPabloCarlos.miniQuizás fantaseaba ya con ella cuando, con apenas cinco años, cada día en el recreo compartía con Roberto Poveda, mi más íntimo amigo, las imaginadas andanzas que la noche previa habíamos tenido, tras volar en sueños al temible “Castillo del Mal”. O quizás fuera más tarde, ya con ocho, cuando leí mi primer “libro-juego” de Timun Mas y me quedé cautivado por su desafiante consigna: “elige tu propia aventura”. O tal vez tuviera todo más que ver con los mil y un estímulos que me proporcionaba la intensa convivencia con mis nueve herman@s. No lo sé.

Lo que sí es claro es que vislumbré “la senda” con claridad aquella noche en que, con 13 años, me perdí leyendo. Fue en Sevilla, donde había ido con mis compañeros de clase como parte del viaje de “fin de la EGB”. Aquella noche los profesores organizaron una expedición nocturna hasta una zona de parques. Mientras el grupo hacía una larga parada para escuchar la música de un concierto cercano, yo aproveché para leer bajo una farola un poco retirada “La leyenda de Huma”, un libro de fantasía que aquella misma mañana había comprado con mis últimos ahorros. Cuando el grupo retomó la marcha, por supuesto, ni me enteré. De repente volví a la realidad, y estaba solo. Salí corriendo en persecución de mis compañeros… y con quien me encontré fue con Pilar, mi profe de Ciencias, que volvía sobre sus pasos a buscarme, precupada y enfadada. Tirando de mi brazo en pos del resto, y todavía visiblemente alterada, me recriminó: “¡Pedro!, ¡se puede ser especial, ¡pero no raro!!”

0161.AlbumMarta.0018No fue hasta que la carrera terminó y nos reintegramos con el resto del grupo que la vergüenza y el susto iniciales se atenuaron, y lentamente pude tomar consciencia de esa enseñanza tan especial que, involuntariamente, Pilar me había impartido en aquella apresurada marcha: “Cuesta, mucho, ser tú”.

O dicho de otra manera: tienes que ser muy tú para ser tú mismo, y así lograr encontrar tu propio camino por entre esas estrechas sendas que la sociedad sanciona como válidas. Y ante disyunciones del tipo “¡es o esto, o esto otro!”, ser capaz de escudriñar otra opción “un poco más allá” que sea propiamente tuya y que, bordeando peligrosamente en el límite entre lo “especial” y lo “raro”, trascienda a ambos.

0230.DiosUnaComedia.LenguaFuera.yJavi.miniEl caso es que la vida siguió y fui creciendo entre los libros y el grupo de teatro, los amigos y los juegos, la familia y los amores… hasta que, tras la selectividad, inicié estudios de Ingeniería Informática en Madrid, fascinado como estaba por los “milagros” que esas enigmáticas máquinas eran capaces de hacer y ansiando entenderlas. La Escuela de Informática acababa de ser creada y le asediaban los problemas, así que desde el comienzo me impliqué mucho en la Delegación de Alumnos. Acudía cada día a las clases desde Alcalá, leía, socializaba y…

¡¡Ups!! En Alemania, entretanto, escuché campanillas de alerta y vi cómo la barrera de la vía del tren comenzaba a bajar lentamente allá al frente. Mi primer impulso fue el de echar a correr, como tantas otras veces, para alcanzar el tren… pero me refrené: hoy no era día de carreras; me haría incluso bien el esperar ensoñado hasta que llegase el siguiente convoy media hora después.

0165.CampamentoAlfredoFue el 96 en que se dio el gran salto. Aquel curso sentía con mucha fuerza, y con desagrado, que estaba viviendo demasiado cómodamente, como sin esforzarme. Y fue por ello que inicié el año decidido a poner a prueba mis límites: me propuse asumir cuantos desafíos se me presentasen a lo largo del curso. Sí o sí. De forma que sólo empezaría a rechazar “laberintos” cuando notase que no conseguía dar ya más abasto. ¿Qué mejor forma que ponerme contra las cuerdas y descubrir así de era capaz?
Lo que ocurrió es que en ese año confluyeron tantos retos, tantos proyectos y tantas casualidades… que al final me vi forzado a saltar, como nunca lo había hecho, sobre mi propia sombra. Y sin darme muy bien cuenta de lo que hacía, me adentré ya sin remedio en la senda del “algo más allá”:

En el TELA, el grupo de teatro que desde los 12 años me había visto crecer, continué actuando: como Olegario recibimos un premio al mejor actor y otro al mejor montaje. Desde que cumplí los 18 formaba ya parte de la junta directiva de la asociación, pero en ese año 96 y ante un momento de crisis nos comprometimos varios de los miembros en torno a un proyecto de futuro… y pasé a ocupar la presidencia. Intensifiqué asimismo mi trabajo en la Delegación de Alumnos, representándola en varios encuentros de nivel estatal. Y durante volé por primera vez fuera de España para participar en un Campo de Trabajo en Rumania. 0287.07.96.CurrandoFue también en aquel verano que ilusionado llegué a la conclusión de que amor era ternura, era confianza y era comunicación, combinadas en sus proporciones máximas; y así fue que amé como nunca… y así que mi corazón, como jamás, fue desgarrado. Pero desgarrado para germinar al poco aún con más fuerza, y ahora ya sí definitivamente convencido de que si bien el amor consigue en ocasiones ser algo más que la amistad, nunca nunca nunca puede ser menos que ella.
Pero, entretanto, como la “guerra de los sexos” me preocupaba mucho y estaba convencido de que el machismo dañino de nuestras sociedades sólo puede resolverse si ambos géneros avanzamos de la mano, sintiendo además que era a los hombres que nos tocaba mover ficha… pues opté por matricularme en algunos cursos de la facultad de filosofía sobre “Teoría Feminista” y sobre “Fundamentalismos e Intolerancia”, y participé también como su primer miembro varón en el “Comité Asesor Universitario” de la revista Cosmopolitan.

“¿Te vas cansando ya, Pedrito, con tanta actividad? ¡¡¡Pero si esto no está más que empezando…!!!”

Porque mucho más grave fue que, tomando al fin consciencia de que esa “complejidad técnica” de los sistemas informáticos que tanto me había fascinado resultaba en verdad pequeña cuando se la compara con la “complejidad humana” de las organizaciones que los utilizan… me decidí a iniciar también los estudios de “Administración y Dirección de Empresas” en la Universidad de Alcalá. Y ya puestos a “jugar” a las empresas… se me ocurrió organizar un “equipo” que, tras muchas rondas clasificatorias, acabaría declarándose campeón nacional de un concurso de simulación empresarial. Y…

…no es necesario seguir contando, en verdad. Pues lo que importa no es cuánto se hizo, sino lo que de ello quedó.

0313.NewYork.10.1996.SedeDeLaONU.miniY lo que quedó fue un deseo puro del que ya no pude jamás librarme. Un afán por intentar ir siempre más allá… mezclando con humildad perspectivas y ocupaciones en una perenne búsqueda de un “más allá” más humano.

En los años siguientes vendrían muchas cosas nuevas a mi vida: mis prácticas laborales y esa Alemania donde, tras realizar un Erasmus, me quedaría a vivir por 6 años; y los estudios de Filosofía y mi primer auténtico trabajo; y los teatreros del grupo “Titiriteros” y el PensamientoLatinoMáster en Sociología; y el “descubrimiento” de Iberoamérica a través del foro estudiantil “Pensamiento Latino” y cada vez más amigos y amigas que se esparcen por el mundo entero; y mi año de investigación en Brasil y la Participación Ciudadana; y Maider, linda Maider, que tuvo a bien convertirse en mi esposa y en la compañer@ de mi alma, aunque hasta ahora hubiéramos siempre de vivir lejos; y…

…y ahí es que llegaba otra vez a mi punto de partida, a ese “sueño” del que le hablara a Francesco por teléfono.
Mi “más allá” preferido y proyecto de vida: exprimirme la voluntad, la imaginación y el intelecto para, combinando mis conocimientos y los de todo aquel que se me arrime, lograr que Internet
2007.02.20.001.Guatemala.LagoAtitlanpueda ser utilizado para que nuestras sociedades maduren por medio de la Participación Ciudadana; y poder hacerlo al lado de la persona a la que amo, en Guatemala.

Así como Internet ha revolucionado ya la economía y globalizado las finanzas, deseo que pueda ahora hacer también algo más de nuestros sistemas políticos y de nuestras democracias. De eso es que trata mi amado “Proyecto e-Participa”: de contribuir a crear una plataforma de participación ciudadana que haga más fácil que trabajemos todos juntos por el bien común.
¿E Internet va a lograr todo eso?, me preguntará cualquiera en su sano juicio.
No, es la respuesta. Internet es una herramienta, y por sí sola no hace nada; y mucho menos cambiar la substancia de la que para bien y para mal estamos hechos los ciudadanos de este siglo XXI.
A lo que Internet sí que puede contribuir es a que muchos más ciudadanos puedan reconocer, mejor y con más fuerza, sus propios intereses y sueños; y a que encuentren con más facilidad a aquellas otras personas deseosas de luchar sus mismas luchas. Son todos ellos, trabajando juntos, los que harán el resto.

2006.09.22.Guelstein.HP.Despedida.PasitoFirmes.ISurvidedEPrime.mini

 

 

Así que, Francesco: no hay vuelta atrás, ni vuelta alante, sino tan solo… el anhelo insoslayable de un “algo más allá” que es mucho más grande que yo.

(2006.09)



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